domingo, 22 de diciembre de 2013

La máquina trituradora.

Inmediatamente después de conocidos los guarismos de las primarias de agosto, con el derrumbe del kirchnerismo al estilo puro llevada por el impulso maniático de Cristina hasta el cadalso, resultaba claro que el gobierno no podía seguir gobernando. Quedaban por delante dos largos años de gestión con un poder totalmente gastado y una realidad temible, marcada por la futura conflictividad social y la inflación desbocada. Un análisis desapasionado mostraba como ineludible un desplazamiento de la presidente y su núcleo duro, en vista de que la cintura política, plástica necesaria en situaciones de apremio, no parecía probable dado el curriculum de la conductora y los compromisos asumidos con sus acólitos,  los fogoneros “intelectuales” que amasan ingeniosamente la interpretación del devenir kirchnerista, (diríamos “Carta abierta” o “Justicia legítima”) y la troupe aplaudidora, dividida entre quienes pretenden conservar sus sillones (digamos gobernadores e intendentes) o ganar algunos mejor tapizados (alcahuetes presidenciables como Scioli o Capitanich), y los jóvenes pseudorrevolucionarios convencidos de constituir la guardia pretoriana de un proceso revolucionario resucitado de los setentas conducido por un antilider ausente e impresentable como Máximo Kirchner, (llamemos a estos “La Cámpora”). Y la presidenta renunció. De un manera inesperada pero lo hizo. No cuestionaré lo del drenaje del hematoma en la cabeza porque carezco de la historia clínica que podría documentarlo, aunque se sabe que las auditorías de los sanatorios suelen falsificarlas en beneficio de las instituciones. Lo cierto es que la presidenta desapareció del protagonismo hartante al que nos tenía sometidos a los ciudadanos día y noche, cadena tras cadena. Y apareció al fin Capitanich, un conocido y rico gobernador del Chaco, provincia marcada por la marginación de los pobres y la segregación de los aborígenes, a cambiar la cara del gobierno con caóticas conferencias de prensa matinales y a exponerse a la máquina trituradora de la realidad argentina que rápidamente devoró al candidato peronista triunfante Massa, otrora mano derecha de Cristina y hasta octubre principal opositor. Esta pieza, ubicada en el tablero por la intelligenza cristinista para la “renovación del gobierno” y la digestión de la larga lista de disconformes que había manifestado su voluntad en las urnas, pretendía fundamentalmente, instalar la figura de Capitanich como candidato de Cristina frente a dos de sus enemigos circunstanciales: Massa y Scioli. El primero fue sepultado inmediatamente por la velocidad de los acontecimientos. Y Scioli, eterno aguardador profesional, típico empleado mediocre que espera años y años que sus compañeros sanguíneos caigan desangrados por las luchas intestinas, no menos ambicioso e inservible que aquellos, logra victorias parciales que en un país anormal como Argentina puede darle al fin, para la prosecución del mal de los ciudadanos,  la recompensa largamente acariciada en sus sueños que todo lo soportó a lo largo de los años. Otro error de cálculo del núcleo de los cerebros del gobierno, algunos golpeados, otros tullidos, que metieron en escena hace un mes a un jefe de gabinete que está diluyendo su capital y sus ambiciones cada vez que abre la boca (o la cierra) , (conflictividad social frente a extorsión de la policía provincial con un resultado de 14 muertos en menos de una semana, descalabro económico con inflación creciente, saqueos, crisis energética con cortes de luz cada vez más frecuentes y más largos), y la voracidad de quienes lo rodean (literalmente) en su acción de gobierno, llámese Cristina Kirchner, Carlos Zannini, Oscar Parrilli, Julio De Vido, Axcell Kicillof. Que el conflicto policial haya dejado de ser “una cuestión salarial que compete en forma exclusiva y excluyente a las provincias” para convertirse en “hubo acciones deliberadas por grupos determinados”, o que para el manejo de los cortes de luz “una programación rotativa podría ser una alternativa…” se transformase, después de una reprimenda de la presidenta en “el tema de cortes programados…fue definitivamente una expresión incorrecta de mi parte”, y que sobre la crisis energética “no forma parte de la agenda del Estado propiciar una intervención de las empresas eléctricas” se vire a “estamos dispuestos a hacernos cargo del servicio”, todas estas contradicciones no hacen más que demostrar lo endeble del poder en Argentina, y la impotencia de un gobierno para controlar la máquina trituradora.
    Pero como la imaginación, como el poder,  se gastan con el tiempo, y quienes han ganado, por lealtad claro, puestos de altísima responsabilidad que quizás los exceden, deben enfrentar diariamente una realidad que está sólo detrás de las puertas con que cierran sus propias realidades, apelan a recursos ya utilizados y reconocidamente inútiles, como el miedo (aunque esbozado) para “asegurar” el control de la economía. Y reaparece entonces un caballito de batalla peronista de todos los tiempos  como el control de precios de la mano de un inexperto joven ministro de economía que asegura que se trata de “un acuerdo voluntario de precios” firmado por empresarios rodeados de las huestes de “La Cámpora” aportadas por Máximo Kirchner que portando adustos rostros de cachiporra y uniformes oscuros expresaban que allí estaban ellos, los defensores de la Patria para el cumplimiento de la política nacional y popular en defensa de las mayorías.

    Pero la pérdida del poder y la duda perturban el sueño de la presidenta y de sus más lúcidos allegados (y está bien que así sea).En apenas un mes las mediciones indican una caída de diez puntos la popularidad de la presidenta. La inflación toca el 30% en lo que va del año. El déficit supera el 5% del PBI. A los vencimientos de los papeles del estado se suman los reclamos de los policías y en las próximas semanas los de una multitud más de empleados públicos. El “remedio” será la emisión monetaria y el vaciamiento del ANSES. Nadie sabe con exactitud que hizo el gobierno de los 900.000 millones de dólares que ingresaron al Estado en diez años de kirchnerismo. Mientras tanto las reservas del Central decrecen a pasos agigantados. Los cortes de luz crecieron 25% desde el 2008, como respuesta a que la oferta de energía marcha detrás de la demanda. El gobernador de Corrientes piensa en Cuasimonedas para hacer frente a sus compromisos. Y trasciende que Lázaro Báez, socio de los Kirchner, empresario emblemático de la “década ganada” compró 263.200 hectáreas en diez años sólo en Santa Cruz, y que pagó 14.5 millones, por medio de siete empresas, a la gerenciadora de los hoteles de los Kirchner que suelen verse vacíos durante todo el año. La respuesta de los sospechados es que la corporación mediática pretende voltear a un gobierno que cojea hace tiempo por enfermedades propias. Pero el relato, como el poder, se gastan con el tiempo, y la realidad termina por imponerse fatalmente. La duda no exenta de preocupación y angustia es cómo hará el gobierno para sobreponerse, de aquí a dos años y pese a un narcotizante campeonato internacional de fútbol, a la máquina trituradora de la realidad que termina comiéndose a los protagonistas y a los autores de los desastres.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Ladrones e incapaces


Retomar un blog luego de casi un año y medio no es fácil. Hubiera sido quizá más prolijo (u obsesivo), reiniciarlo a principio de año, cumpliendo aquel prefijo tradicional y esquemático de  “Año nuevo, vida nueva”. Pero nada pudo con la indignación con la que la realidad abofetea diariamente a los habitantes despiertos de este país condenado al fracaso más rotundo. Queda como pendiente para los escasos lectores de estas páginas las excusas por mi alejamiento por tan largo lapso, pero considerando que todos los que estamos metidos en este tipo de juegos somos humanos llenos de huecos y contradicciones, sirvan, en este momento de urgencias mayores, mis disculpas.
    Son muchas, demasiadas diría, las imágenes que se agolpan en mi memoria reciente, muy reciente, de días nomás, que han gatillado este esfuerzo mío por traducir en palabras lo vivido y no salir de mi casa a los gritos alertando a todo el mundo que esto está acabado. Pero la situación detonante ha sido la manifestación de dementes portadores de camisetas pintadas con franjas transversales azules y amarillas que, aparentemente convocados por redes sociales, se apoderaron del centro de la ciudad de Buenos Aires, incluyendo el fálico obelisco al que reemplazaron la bandera de la Nación Argentina por un trapo con las mismas franjas azules y amarillas de sus camisetas. Detuvieron el tránsito en la hora pico, cuando miles y miles de habitantes intentan regresar a sus casas después de un arduo día de trabajo y o trámites, rompieron todo lo que se presentaba a su paso, robaron, estropearon canteros de flores e instalaciones del metrobús hace pocos meses inaugurado, hicieron pintadas imbéciles (por ejemplo: “Boca sin fin…”) sobre comercios y monumentos públicos como el mismo obelisco, mearon sobre los mismos, rompieron cientos de botellas, vidrieras y marquesinas esparciendo los fragmentos de vidrio por todos lados, arrojaron miles de cartones de tetrabrik ya utilizados para saciar su sed y estimular sus embestidas, aterrorizaron a la población de toda una sociedad que se sintió una vez más (y van…) despojada de lo que se llama “público” y resulta ser del más fuerte, del más prepotente, del más atorrante, del grandote del barrio que le pega a todo el mundo y que en consecuencia es el que manda, en una imagen especular con lo que sucede desde los más altos de poder en el país y se reproduce, hacia abajo, atravesando todos, todos, los niveles de conducción desde la Presidencia de la Nación, pasando por la dirigencia de los clubes profesionales de fútbol, y alcanzando hasta la Sociedad de Fomento del pueblito más remoto. En ese aciago día, el ministro de Seguridad de la Ciudad Guillermo Montenegro, mientras se desarrollaba el alud que derribó el centro de la ciudad y lo sepultó con lodo, jugaba un partido de fútbol en un estadio cercano cuyas tribunas están pintadas con franjas azules y amarillas como las camisetas de esos enfermos que tuvieron en vilo a toda una ciudad y a gran parte del país cansado de violaciones locales similares. Sin ir mas lejos, el día anterior, mientras la policía maltrataba y mataba ciudadanos tucumanos y chaqueños exasperados contra la policía y los gobiernos de sus provincias que debían ceder al chantaje del personal armado que había liberado la zona para favorecer los saqueos de los pobladores desguarnecidos y seguramente estimularlos, en un palco carnavalesco en el centro de la ciudad, la Presidenta de la República, ya sin luto y sin votos, bailaba despreocupada ante el mundo golpeando al compás un instrumento de percusión acompañada por aplaudidores profesionales y artistas de varieté de pésimos antecedentes. Uno de mis hijos, el día del invasión de los de camiseta azul y amarilla, no pudo tomar su trabajo frente al obelisco a las 17 hs. porque el dueño del local había recibido la información de probables desmanes, la TV mostraba desde hacía horas la progresión de la masa de asesinos desde la periferia, y un policía le advirtió sobre el riesgo de permanecer en la zona. Es decir, una inteligencia básica, al alcance de los ciudadanos, no alcanzó a las autoridades de la Ciudad ni de la Nación, que no previeron esta contingencia y no actuaron para evitarla: por ejemplo desviando a las hordas varias horas antes que coparan la Plaza de la República, hacia el estadio donde jugaba despreocupado el jefe de Seguridad Montenegro, que debía haber sido abierto para “los festejos” por el presidente del club Angelici, quien, irresposablemente declara hoy en “La Nación”: “ahora debemos tener que pensar en algo para el año próximo”, sacándose de encima la responsabilidad y adscribiendo al “Año nuevo…”.
    Cuando en un acto público, también en los últimos días, un ciudadano gritó a las  autoridades presentes “devuelvan la plata que se robaron…”, el ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Alejandro Granados, invitó a “pelear a la salida…” al reclamante y lo trató de enfermo de Down: “…mogólico…”. El impresentable ministro Granados respondió ofendido ante el calificativo del ciudadano, así como “La Cámpora” acusa, dolida por la contundencia de sus denuncias, a Lanata de ciervo de los intereses de Magneto, y las “corpo mediáticas”. Sin embargo, a pesar de los improperios y las bravuconadas de la especie kirchnerista, no ha habido a lo largo de este año ninguna refutación legal o acusación formal por falso testimonio o lo que se le parezca, a los periodistas que como Lanata, se animaron a acusar a los más altos integrantes del gobierno, por ejemplo al vicepresidente Boudou, de enriquecimiento ilícito monumental y tráfico de influencias para apropiarse de una empresa que imprimía billetes, la Ciccone Calcográfica, o al empresario Lázaro Báez, socio de los Kirchner, principal contratista del estado en Santa Cruz implicado en la desviación de ingentes sumas de dinero a paraísos fiscales del exterior. La respuesta lisa, llana y torpe del gobierno fue el apartamiento del fiscal Carlos Rívolo, primero en investigar a Boudou, de Daniel Rafecas, juez que ordenó el allanamiento de su departamento, de Manuel Garrido, el fiscal de Investigaciones Administrativas que impulsó graves denuncias de corrupción contra el kirchnerismo, de Esteban Righi, el procurador general de la Nación desplazado por el vicepresidente acorralado por el caso Ciccone, y la suspensión, ayer, del fiscal Campagnoli por la investigación del caso Lázaro Báez, impulsada por su jefa, la doctora Alejandra Gils Carbó, en sintonía con la Presidenta de la Nación.
    Descomposición social, conflictos con saldos de destrucción y muerte en las calles de las grandes capitales y pequeños pueblos de la República, robos, saqueos y asesinatos sin control, fuerzas policiales en connivencia con la delincuencia, el narcotráfico y la política. Políticos corruptos que desde los más altos puestos suelen exponer sus cargos como victorias populares y democráticas, como trofeos de guerra ganados a perpetuidad  mientras se enriquecen a la vista del mundo con soberbia y desparpajo, amparados por sectores de la justicia defensores de los intereses del gobierno.
    Argentina, país de Latino América alguna vez rico y prometedor, convertida en cueva de ladrones e incompetentes que tratan de remendar los groseros errores de su quehacer diario corriendo detrás de los acontecimientos, y con el único propósito de preservar sus cargos de privilegio, desde donde al acto de robar se lo llama “gestionar”, y al de encubrir “militar”. Argentina, país de ladrones e incapaces.



sábado, 2 de junio de 2012

El precio de la inexperiencia


Cuando era niño creía que el mundo era manejado por gente muy importante. Se me hacía que la complejidad de lo externo requería personas adultas muy capacitadas para manejar los hilos de la realidad cotidiana, y, por supuesto, veía a los dirigentes absolutamente superiores, alejados de la tierra en la que yo, mi familia entera, mi barrio, y la gente de mi escuela nos desenvolvíamos. Muchos años más tarde, creo que con la asunción de Isabel Perón al gobierno, tuve, por vez primera, la convicción que en el poder puede estar cualquiera, aún con la menor de las habilidades, y que los discursos y las acciones de los dirigentes pueden ser defectuosos, errados e ineficientes. Desde entonces siempre constaté que mi descubrimiento fue acertado, y que es la excepción, y no la regla, que quienes conducen, son los más capacitados para hacerlo. Suben simplemente los que están ahí en el momento oportuno. Y así van las cosas y se desenvuelve la Historia. Asimismo, mi fantasía infantil, alimentada por las lecturas, el cine y la televisión, incorporaba como lúdicas las historias de la policía y los ladrones, ubicando estas categorías en el plano de las abstracciones. Pasarían años hasta constatar que los ladrones existían en la calle y podían arrebatarme mis cosas y hasta mi vida con un revólver verdadero de metal cargado con balas de plomo y no con cebita. Paralelamente, también incorporaría que los funcionarios que aparecían entonces (no ahora, claro), como señores importantes y serios, podían y solían robar, es decir, apropiarse del dinero y hasta del destino de los otros desde las alturas del poder. En este momento de mi vida veo absolutamente natural el desfile de incapaces y ladrones en los gobiernos sucesivos de mi país, pero con las variantes que la evolución del tiempo siempre trae: en este caso, el agregado de lo burdo y lo descarado. Siempre se ha robado, según he aprendido de la Historia, pero ahora se hace sin reparos, a cara descubierta, mofándose del perjudicado, tratando de confundirlo en su percepción. ¿Yo te robé? ¡estás loco! ¡esta es una campaña contra mi reputación! ¡me querés ensuciar! ¡siempre ha sido así en la Historia! ¿qué no tenés la plata que llevabas? ¡yo qué sé dónde la pusiste!¡sí, debés vivir en Ganímides!¡esta plata es mía!¡y la tengo en la mano, no en el bolsillo porque se me antoja!¡mirá que te voy a robar a vos que no tenés un peso!¡por favor!¡a mí no me encontrarás nada!¡no podrás mancharme!¡lo tuyo es un verso!.
    Las cosas resultaron ser muchos más simples y dolorosas de lo que parecían. Como que se pudiera pagar para conseguir un favor político. Por ejemplo, coimear a un legislador de la oposición simplemente para aflojar un quorum trabado a fin de sacar una ley que exige el poder ejecutivo para recibir más efectivo para sus arcas vacías porque la situación económica es un tembladeral y no se sabe cómo hacer para obtener más dinero sin imprimir tanto, y nuestras imprentas no pueden imprimir dólares por una absurda decisión del gobierno de los Estados Unidos que se cree el dueño del mundo. Las coimas en el poder legislativo no son un invento de Fernando de la Rúa que era muy ambicioso pero no tenía las luces suficientes como abrir caminos. Lo cierto es que se siguen practicando aún durante los gobiernos nacionales y populares y cuando los modelos se van profundizando en el contexto de las fiestas de los negocios de los hombres (y mujeres) ejemplares del Gobierno, que acumulan ganancias inéditas e increíbles durante sus gestiones y que caen siempre bien parados aunque no tengan tiempo de quitarse los antifaces de ladrones, haciendo desplazar Procuradores, jueces y fiscales, en revuelos armados en la soledad de las usinas malignas de lascorporacionesmediaticasqueyaconocemosclarinmientemagnetodominavivimosenmediodeunacampañadesestabilizadoraporlosenemigosdelpuebloqueprtendenquevolvamosasercoloniaydesconocenqueesteesunnuevomodelorevolucionarioconducidoporunabrillanteysacrificadacompañeraquequedaraenlahistoriacomolasucesoradeevitaquesiexistieraseríamontoneraykirchneristamasprecisamentedelacamporaenemigosquemiententodoeltiempoinventandohistoriascomolasdenuestrovicepresidentequeesunejemplodeabnegacionyhonestidadysobremorenoqueesunpatriotaqueluchadenodadamentepornuestraindependenciaylacamporaqueeslajuventudrevolucionariaenamoradadelproyectodeelquedioslotengaenlagloriayquedaracomoelmayorpatriotadetodoslostiempos.
    Al “principal” dirigente de “La Cámpora” de la provincia de Buenos Aires, vicepresidente primero de la Cámara de Diputados José Ottavis, amigo de Mariotto (con lo que queda todo dicho), ex duhaldista, activo impulsor de las leyes recientemente aprobadas en la legislatura bonaerense para aumentar los impuestos del campo y lograr el revalúo de las tierras para que la Casa Rosada perciba frescos recursos en nombre de bienes personales y gananciales, se lo expuso in fraganti manteniendo una comunicación de mensajes por celular con una de sus colegas en el recinto."150mil x cabeza ofrecen a los diputados de la opo, según palabras de Valeria Arata. Se está corriendo eso…" quedó grabado en la cámara de Clarínmiente que con teleobjetivo metió sus narices en el celu del brillante cuadro José Ottavis, “dirigente maravilloso, un cuadro, un gran trabajador, pongo las manos en el fuego por él”, según Juan de Jesús, jefe del bloque de diputados del Frente para la Victoria, quien agregó: “lo hicieron para demonizar a los jóvenes”. No obstante el ostracismo que los caracteriza y la inquina contra los medios de los dirigentes kirchneristas y en especial de los de “la Cámpora”, Ottavis quiso aclarar las cosas, y tuvo ayer a la mañana, curiosamente en el programa del relator Victor Hugo Morales, y sólo en ese programa, tiempo de sobra para hacer su descargo. Con un discurso débil y poco convincente aceptó haber recibido ese mensaje pero modificó levemente su respuesta: “Bueno chicos no repitamos esas cosas y cuando se las dicen me las dicen a mí personalmente” corrigiendo empecinadamente  la versión previa de Clarínmiente: “Bueno chicos, no contesten más cosas y cuidado”. Ottavis subrayó “hay mala leche por parte de algunos medios. Tiene que ver con ensuciar a La Cámpora”, y “No somos corruptos y queremos cambiar la realidad”.
    Dicen que Ottavis es el más peronista de los jóvenes brillantes de “La Cámpora” (que en su mayoría parece provenir de las izquierdas universitarias y si no mírenlo a Kicillof que recuerda a un chico de un centro de estudiantes), que puede que no tenga gente demasiado brillante a juzgar por los dichos y acciones de sus representantes más conocidos. Sin embargo, viejos políticos peronistas curtidos en las lides legislativas, o, dicho de otro modo, viejos zorros del desierto, como Cafiero, Manzano, Grosso, Figueroa, Eduardo Menem,  Pierri, Corach, Bauzá entre otros, indignados por tantos desatinos, aleccionarían a la Presidenta: “Eso le pasa, Señora, por meterse con pibes inexpertos…”

miércoles, 30 de mayo de 2012

Entre monigotes y perfeccionistas


El universo de los funcionarios y demás políticos de Argentina ofrece un escenario lamentable donde permanentemente hacen su aparición monigotes de todas las características que no son graciosos por ser tan ridículos y no alegran porque con sus acciones y omisiones son responsables de la construcción de la vida cotidiana de quienes vivimos en este país. Podríamos ir de arriba hacia abajo o viceversa y tendríamos páginas y páginas que llenar con anécdotas, discursos, historias y vivencias de los personeros oficialistas y los de la “oposición”, pequeños atorrantes (lo de pequeños por su baja estatura de personas) que satisfechos de sus vidas de privilegio juegan con los destinos de la Nación en un sentido amplio, pero con el bolsillo, la calidad del trabajo, la salud, la vida o la muerte, el destino de nuestros hijos, y nuestra libertad de ciudadanos en un sentido más concreto. Una Presidente altiva a la que se le caen los anillos de oro en el camino, empecinada en lograr sus caprichos rodeada de una corte de inservibles que sólo son útiles para aplaudirla, mientras niega las posibilidades de discutir sus ideas aún con su propio gabinete (no existen las reuniones de gabinete en los gobiernos kirchneristas) y de brindarse, como es su deber, a la publicidad de sus actos (de ahí lo de “queremos preguntar”). Que no tiene capacidad para elegir segundos que al menos con alguna aureola jerarquicen el gobierno al que pertenecen. Que carece de escrúpulos para defender a truhanes que descaradamente hacen sus negocios millonarios haciendo saltar Procuradores Generales, jueces y fiscales que investigan ilícitos enormes como elefantes. Que comete la irresponsabilidad de tener como mano derecha para los destinos económicos de la Nación a rufianes que carecen de la mínima capacitación en el tema, y que improvisando diariamente manejan el comercio, la balanza comercial y la moneda, como lo haría un marido bruto y machista con una esposa tonta y sumisa. Hoy en Argentina, en un atentado directo a las libertades públicas ningún ciudadano puede comprar un solo dólar oficial por las restricciones de la AFIP, mientras que el resultado obtenido con tal descabellada medida es el aumento de la brecha con el dólar paralelo hasta cerca de 40%. Desde la Presidenta hasta los funcionarios serviles y el coro de periodistasrepetidoresoficiales, llámense operadores ( a sueldo o por convicción rasante) se explica que ellos manejan el timón para el 89% de la población que jamás ha visto un dólar, mientras que el 11% restante (más de tres millones y medio de personas), seguramente con no menos de dos personas a su cargo en promedio (es decir más del 30% de la población), conoce el dólar, pero no el que viene en valijas llenas desde el exterior para pagar campañas como las de Antonini Wilson, ni los tres millones y medio como los de la Presidenta depositados en una cuenta de ahorro según declaración de bienes del año 2011, sino esos poquitos dólares que sirven para comprar una casa, una moto importada, un repuesto de auto, un saxofón norteamericano, un viaje a Méjico, o sólo para ahorrar, o “atesorar” como suelen llamarlo despectivamente, todos vicios deplorables de la desestabilizadora clase media argentina según los ojos oficialistas. Y entonces sale un ser impresentable de bigotes gruesos, maquillado como marioneta, papel que cumple a la perfección, con antecedentes de haberse escapado en el baúl de un auto por robo durante su intendencia en una populosa ciudad del conurbano, especialista en defender lo indefendible, y declara, suelto de cuerpo,  “los argentinos debemos acostumbrarnos a pensar en pesos”, atribuyendo el desdoblamiento del cambio a caprichos culturales de una minoría malcriada que pretende arruinar el “modelo” que tantos frutos ha dado. Haciendo gala de su habilidad embaucadora frente a periodistas que no se atreven a esgrimir otros argumentos para reafirmar que los argentinos no tienen por qué buscar dólares en vez de pesos, como si el Señor fuera quien dispone de la voluntad de los ciudadanos, como si él comprara las propiedades en pesos en un mercado que por siempre operó en dólares, como si la gente fuera tan estúpida e ignorara que hubo argentinos que perdieron lo poco que tenían alguna vez en la Historia reciente por estas cuestiones del dólar volador frente a los enunciados de los funcionarios de turno (“el que apuesta al dólar pierde”),  desconociendo descaradamente que el precio del dólar es una consecuencia, no la causa de la crisis progresiva de la economía argentina, y que todos ahorrarían en pesos si es que no existiera una inflación entre 25 y 30% anual que licua los sueldos según nos enseñan los supermercados todos los meses, salvo a los que creen en los vergonzosos números del INDEC, defendidos a rajatabla por los salvadores de la Patria. Todo el día suenan los anuncios oficiales de bonanzas no reconocidas por “las corporaciones” fantasmas que parecen ser responsables de todos los males en un país de maravilla. Sin embargo, la avidez del Gobierno por no perder un solo dólar es sintomático. La impresión de billetes (por la ex Ciccone calcográfica salvada curiosamente por el vicepresidente Boudou) no tiene freno: en los cajeros automáticos salen flamantes y calientes como panchos. La obra pública en la provincia y los municipios está totalmente parada. Los gobernadores de las provincias, azuzados por el Gobierno, aumentan los impuestos inmobiliarios para incrementar la recaudación y aliviar las arcas exhaustas de las gobernaciones, y a la vez reevaluar las alícuotas del campo para que el Gobierno Nacional cobre un monumental incremento en concepto de bienes personales, castigando a los pequeños y medianos productores ya jaqueados por las sequías y las inundaciones de la última campaña, y si no basta con mirar a la provincia de Buenos Aires, a punto de ser castigada con un decreto de Scioli quien tendrá buena imagen para los estadísticos pero que muestra claramente la hilacha para lo que vendrá en el caso improbable que reemplace a su Reina. Está pendiente el quorum, hasta ahora pospuesto, para que el parlamento bonaerense discuta el proyecto Kirchner-Scioli, pero ya la oposición, (Radicalismo, Frente Amplio Progresista), haciendo gala de su habitual carencia de habilidad política, está negociando fervientemente la posibilidad de permitir el decretazo del Gobierno para el impuesto inmobiliario, y la pospuesta para discutir a la larga un revalúo fiscal escalonado, favoreciendo a Scioli pero no a Cristina, en lo inmediato, claro.
    Frente a este panorama político revistado a vista de pájaro, corresponde ahora analizar el papel de sus observadores naturales de los hechos cotidianos y su capacidad para reflejarlos en la comunidad, los periodistas. Un punto de inflexión en el escenario periodístico fue el programa de Lanata donde unos cien periodistas reconocidos por sus honestidad e independencia unieron sus voces para reclamar “queremos preguntar”, aludiendo al silencio permanente del Gobierno frente al periodismo no kirchnerista que es despreciado sin pausa desde las usinas de la Casa Rosada, transmitiendo juicios descalificadores a través de todos sus ministros, y de los “periodistas” e “intelectuales” adictos , muchos de ellos a sueldo, a través de la radio (en algunos programas de Continental por ejemplo) y la televisión (paradigmáticamente con el programa “Seis, siete, ocho”, ejemplo de servilismo y anencefalia). A partir de ese histórico programa que dejó desnudo al Gobierno en su prepotencia y sordera, se sucedieron múltiples manifestaciones esperables, como los improperios de “Seis, siete y ocho” y los de relatores históricos mutados en conversos kirchneristas, que hicieron de ese enorme grupo de seres pensantes, críticos y valientes, un saco de excrementos. Y otras, poco frecuentes pero cualitativamente interesantes. Una, la inesperada ausencia en ese estrado de la compañera radial matutina de la prestigiosa Magdalena Ruiz Guiñazú y de Edgardo Alfano, María O¨Donell, reciente ganadora del Martín Fierro por “mejor actuación periodística radial”, en el mismo programa de Magdalena. Con dura racionalización no exenta de verborragia (muy frecuentes en su discurso), María  decepcionó al intentar explicar su ausencia por su exigencia de “algo más que queremos preguntar”, como si esa consigna descalificara todo el reclamo necesariamente más amplio según su entender, en una postura “para mí esto no sirve” de subvaloración del esfuerzo de sus compañeros habituales de trabajo en coincidir en un reclamo absolutamente básico y claro. El otro, es el lamentable discurso en la fiesta de los Martín Fierro de Reynaldo Sietecase, galardonado por su labor periodística en Radio del Plata, quien subrayó que había que preguntar al Gobierno  “pero también a las corporaciones”, ensuciando la cancha de sus colegas y hundiéndose más al menospreciarlos en su calidad de “fiscales de la Patria”, en una lamentable diatriba confusa y deficiente que no logró definir en ninguna de los intentos posteriores de aclaración que hizo a los medios, mostrando un razonamiento obtuso y torpe.
    El sainete argentino tiene para todos los gustos. La compleja realidad se procesa en Olivos y la Rosada escamoteando los planos, ocultando verdades, ejercitando la esquizofrenia, y menospreciando la inteligencia del ciudadano, en un desfile de payasos, inmorales y atorrantes que se hacen de lo ajeno y se vanaglorian de sus actos como si fueran sublimes. La oposición, impotente y estéril, cuando debe actuar yerra una y otra vez, detrás de un Gobierno que juega con ella como el gato maula del tango, exponiéndola como a un mísero ratón. Y cuando por fin quienes tienen la obligación de reflejar la realidad, los periodistas, logran pararse frente a un poder que pretende ser omnímodo y exigirle respuestas, son salpicados por los necios que viven de órdenes y pagos regulares, de torpes que no saben donde están parados, y de perfeccionistas que se contentan con los premios de la televisión, olvidando que hay momentos en la vida en los que es imperativo jugarse en lugar de sentarse a esperar los efímeros trofeos de oro.

    

jueves, 17 de mayo de 2012

"A los enemigos...ni justicia"


Argentina está asistiendo en estos días a una embestida judicial inocultablemente gatillada por el Gobierno. Despertado de su letargo después de seis meses de sobrepasado el escenario electoral, curiosamente ahora, el Juez Oyarbide, indisimulable instrumento del kirchnerismo, dispone, en una causa por escuchas ilegales, el juicio oral y público contra Mauricio Macri, titular del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, uno de los pocos francos opositores que podrían obstaculizar, en alguna medida, el camino kirchnerista a las próximas elecciones presidenciales del 2015. 
    También ayer, el juez Oyarbide, después de citarlo a indagatoria, hace detener a Sergio Schoklender, ex apoderado de Madres de Plaza de Mayo y jefe de una asociación ilícita que a través de la empresa "Meldorek" habría desviado 260000 pesos de la suma mayor de 760000 proporcionado por el Ministerio de Planificación a cargo del ministro De Vido para la construcción de viviendas económicas. Más tarde quedaron detenidos su hermano Pablo, y Alejandro Gotkin, socio de ambos. No es nada improbable que se haya concretado tal desvío y desvirtuado el  destino del dinero en beneficio de los inculpados. Lo inconcebible es que nadie más, ni la Presidente de Madres, la irascible Hebe de Bonafide, responsable fundamental de la asociación y, al menos, partícipe solidaria del ilícito, ni ningún integrante del Ministerio de Planificación que debía auditar el destino de los fondos están siquiera imputados. 
    Hace pocos días, en la causa Ciccone calcográfica, donde está involucrado, aunque aún no procesado, el vicepresidente Boudou por “negociaciones incompatibles” y ”lavado de dinero” la Cámara removió al juez de la causa Rafecas según había sido previsto por quienes seguimos con atención los hechos cotidianos de nuestra política. En una escalada de ataque defensivo, Boudou, escudado por la Presidenta, embistió contra el Procurador Esteban Righi, jefe de los fiscales, y lo presionó para renunciar, tras iniciarle una cusa por tráfico de influencias, mientras Cristina propuso inmediatamente en su reemplazo a uno de sus obedientes delfines, Daniel Reposo, quien, luego se constató, había fraguado datos de su curriculum para presentarse al cargo. Asimismo, desde este mismo blog, se previó que era inminente la remoción del fiscal Rívolo, motor de esa causa, y responsable del allanamiento de un departamento de Boudou sito en Puerto Madero, donde se hallaron pruebas que certificarían la relación entre el vicepresidente y un tal Vanderbroele, monotributista titular de Ciccone, acusado por su propia esposa de ser testaferro de Boudou. El nuevo juez de la causa Ciccone, Ariel Lijo, en el día de ayer cumplió con ese cometido, desplazando a Rívolo de la investigación y designando en su reemplazo al fiscal Jorge Di Lello, peronista declarado, con antecedentes de prisión en los setenta por actividades subversivas, y ferviente defensor del “modelo”. Di Lello es el fiscal de la causa Boudou contra Righi, y también el de una reciente causa contra Boudou sobre “enriquecimiento ilícito” elevado por dos particulares. En una jugada de salón, el juez Lijo unificó las causas Ciccone y la de enriquecimiento ilícito dejando a Di Lello como fiscal y desplazando elegantemente a Rívolo, con la satisfacción del kirchnerismo.
    Por otra parte, una vez más, y en pleno gobierno democrático, se implanta en Argentina una medida que atenta directamente contra las libertades individuales, y después de pocos días de haberse promulgado leyes increíblemente liberales como las de género, que permiten que cualquier individuo se declare según el sexo que desee, o la de divorcio que hacen que baste la decisión de uno sólo de los cónyuges par efectivizar la demanda, o la de muerte digna que legaliza la decisión del paciente para determinar el cese de la asistencia artificial de la vida, a la manera de una mano de cal y otra de arena, probablemente no casual: un ciudadano común, aunque demuestre claramente el origen de sus ingresos, sin ninguna pauta que lo encuadre, está absolutamente invalidado para la compra de tan siquiera un solo dólar estadounidense o cualquier otra moneda extranjera. A la limitación caprichosa, tampoco regulada, de los últimos meses, que limitaba la adquisición hasta un cierto monto, generalmente insignificante, se agrega ahora una definitiva negativa a la decisión de un ciudadano de hacerse de moneda extranjera para viajar, comprar un inmueble o simplemente ahorrar en una moneda más confiable que la suya. 
    La necesidad de caja del Gobierno, situación a la que ha llegado por su propia responsabilidad, no se ha limitado al control salvaje de las importaciones que ha frenado la economía y llevado aún a la recesión, sino que lo ha extendido a la suba de los impuestos en varias provincias incluyendo la de Buenos Aires. Allí ha desatado una guerra la gobernación de Scioli, que pretende que la Legislatura apruebe un proyecto de reforma impositiva y reevaluación de los campos, que incrementará hasta un 300% el impuesto inmobiliario y presionará a los propietarios al pago de bienes personales por montos elevadísimos que sólo podrán ser resistidos por los grandes pools de siembra, hundiendo a miles de pequeños propietarios y arrendatarios. La maniobra, claramente advertida por los ruralistas, no expresa sólo la necesidad de Scioli de hacerse de efectivo, sino la del Gobierno Nacional de abastecer sus arcas exhaustas, al decir que el “virrey Scioli recauda para la reina Cristina”.
    Y como sobre llovido, mojado, los ciudadanos de Buenos Aires y sus alrededores viven conmocionados por el paro de los subtes por 36 horas en demanda de mejoras salariales, hecho que ha transformado la ciudad en un caos de tránsito y las condiciones de los viajes de los usuarios, generalmente malas y riesgosas, en pésimas por falta de medios de transporte alternativos que satisfagan la demanda. El Gobierno Nacional, responsable principal del pésimo sistema de transportes según lo prueban el calamitoso estado de los trenes (recordar la reciente tragedia de Once) y los subtes, tira los cargos contra el Gobierno de la Ciudad que no convence con sus argumentos según una realidad que muestra a una Buenos Aires, otrora “Reina del Plata”, convertida en una ciudad sucia, llena de mendigos, con calles y veredas descuidadas, insegura y decadente.
    Los ojos kirchneristas no ven más que bonanza y logros revolucionarios a cada paso, gestas patrióticas y avances inéditos. Un dulce sueño que apenas es conmovido por los ataques de los enemigos de las corporaciones que a través de la prensa cipaya, las influencias de Magneto, y la acción desestabilizadora de los gorilas de siempre que no cesan en atentar contra los logros del pueblo. Se justifica que haya control de cambios, que los ciudadanos comunes no puedan comprar ni un dólar, que los que trabajan el campo paguen los impuestos más altos que nadie, que los procuradores, los jueces y los fiscales que no piensan como nosotros dejen el lugar a quienes tienen más sensibilidad y consideración por los gobiernos nacionales y populares. A veces, durante los procesos revolucionarios, se justifican algunas licencias en pos del bien común. Como decía el General: “Para los amigos todo. A los enemigos…ni justicia”. Y nosotros, mal que les pese, somos soldados de Perón, y hemos asimilado sus enseñanzas.

lunes, 14 de mayo de 2012

La última esperanza


 Recientemente, el presidente de la Comisión de Libertad de Prensa de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Gustavo Mohme, trazó hoy un panorama sombrío sobre las amenazas que vive la libertad de expresión en Argentina y opinó que la misma "excede" a los medios y periodistas y se proyecta sobre la ciudadanía. “Detrás de una deliberada confrontación contra medios como La Nación, Clarín o Perfil, subyace un proceso de limitación de las libertades ciudadanas muy serio", explicó Mohme en la apertura de sesiones de la Asamblea de Medio Año de la SIP en la ciudad española de Cádiz. “La represalia estatal se proyecta en la Argentina sobre diversos actores, como las consultoras de inflación multadas por el Gobierno”. Mohme también criticó el uso propagandístico de la estatización televisiva de hechos deportivos, como el fútbol y el automovilismo a través de plataformas de propaganda política. El directivo mencionó a "Venezuela, Nicaragua y la Argentina como países donde aumenta el número de medios oficiales, que se usan directamente como medios de propaganda, así como el abuso de la publicidad oficial". Por otra parte, el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), en su informe anual, ya había denunciado 122 ataques a la libertad de expresión en Argentina durante 2011, 17 de los cuales fueron graves. El informe señala 13 casos más que en 2010, pero 25 casos menos que en 2009. El reporte incluye seis casos de censura interna (ocurridos dentro de los propios medios de comunicación) y también “casos favorables” para la libertad de expresión, como fallos para regular la distribución de la publicidad oficial y juicios favorables para periodistas. Durante 2011, los meses con mayor cantidad de ataques fueron los de actividad electoral e incluso el mes posterior a los comicios nacionales. Así, el mes con más ataques fue noviembre (17) y tanto agosto como septiembre y octubre tuvieron 12 ataques cada uno. El principal ataque sigue siendo la agresión física/psíquica, con 37 casos. Le siguen amenazas (20) y atentados contra la propiedad o emisión, tales como el bloqueo a la circulación de diarios (17).Se detectaron 12 casos de censura, la mitad de ellos al interior de los medios.“Sin duda hay mucha más censura interna en el periodismo argentino, pero es difícil su registro. En esos casos se depende de la voluntad del periodista, o de que el caso tome estado público y por lo tanto se haga posible la intervención de Fopea sin poner en riesgo la continuidad laboral del periodista afectado”, explica en un texto de análisis Fernando Ruiz, de la Comisión Directiva de la entidad. El agresor principal de los periodistas y de los medios sigue siendo desconocido (23 casos) y sin caracterización (16). Después siguen los funcionarios municipales (10), nacionales (10) y provinciales (10). Luego activistas o sindicalistas /8) y la fuerza pública (7) al igual que propietarios de medios (7).
    Los hechos no sorprenden y el origen de la represión no puede ser ignorado cuando la Presidente en persona y el abultado coro de alcahuetes que la rodean en sus puestos de funcionarios y voceros (llámese periodistas dependientes), y en especial los grupos de choque destinados al efecto (específicamente “La Cámpora”) denostan permanentemente con los mayores agravios donde no faltan los consabidos términos “gorila”, “cipayo”, “agente de Magneto”, “cómplice de las corporaciones”, a eminentes periodistas que suelen razonar sin rigideces dogmáticas  y sin los incentivos que el dinero mal habido provocan en las lenguas demasiado largas de los charlatanes a sueldo que han decidido olvidar su prestigio y su honorabilidad, si es que de ellas alguna vez habían tenido alguna idea. La Presidenta detesta abiertamente al periodismo en una tácita falta de consideración a una de las herramientas básicas de la Democracia, la que asegura la libertad de comunicación de los ciudadanos. Y lo hace al comunicar los anuncios del Gobierno mediante cadena nacional, rodeándose de una claque sumisa y payasesca, evitando el ingreso de periodistas y evadiendo sistemáticamente las ruedas de prensa y las entrevistas públicas. Ella, y en cascada todos sus funcionarios, odian a la prensa que implica preguntas, cuestionamientos y apertura. Y la política sistemática de desprecio a los medios no se basa en una patología básica de quien dirige los destinos de la Nación, llamémosla fobia a los cuestionamientos, sino a una acción deliberada tendiente a lograr un objetivo: el de ocultar cuestiones indebidas. En este Gobierno se observa claramente, como en el de Menem, que la política oficial es un enorme escenario de negocios extraordinarios donde se amasa la fortuna de sus protagonistas, con el fondo de las liturgias engendradas en el pasado pero a estas alturas insuficientes para ocultar los desaguisados. Y allí, donde se asoman espectadores que no forman parte del gran juego está el riesgo del deschabe, del descubrimiento de lo que debe quedar tapado para asegurar la continuidad del negociado, y entonces será necesario negar lo descubierto, y tratar de mentiroso al medio osado en tal herejía (“Clarín miente”), y atacar como enemigo de la Patria a quien ose meter las narices donde no se lo ha llamado. Todo para que la Señora Cristina continúe incrementando vertiginosamente su patrimonio durante sus gobiernos, y su vicepresidente prosiga con sus negocios millonarios sin que nadie perturbe su sueño, y los amigos del poder convertidos en supermillonarios en pocos años, continúen manejando el juego y acaparando activos como emisoras de FM y televisión que estarán al servicio de la información oficial monolítica que es la más pura y verdadera. Mientras tanto, el coro de estúpidos o vivillos repiten frases consabidas que permitan que sus líderes continúen llenándose el buche mientras ellos cumplen con la militancia en el mejor de los casos o cobran sus buenos dividendos para callarse la boca o hacer todo lo contrario pero a favor del Gobierno y sus secuaces.
    En este escenario de miedos y amenazas, en un contexto de Terrorismo Informativo de Estado, la actitud de algunos periodistas argentinos es digna de admiración. En la noche del domingo próximo pasado la Argentina ha asistido a un hecho histórico quizá aún no suficientemente valorado. Jorge Lanata, uno de los exponentes más inteligentes y lúcidos de la oscura Argentina de estos días,  ha convocado a un grupo selecto de alrededor de cien profesionales del periodismo, incuestionables desde las perspectivas de sus largas trayectorias en distintos medios, su dedicación al trabajo y su capacidad para razonar sobre la actualidad, a su programa “Periodismo para todos…y para todas” que se emite en canal 13 de Buenos Aires, y al grito de “Queremos preguntar” se cuestionó el hermetismo del Gobierno y se exigió la necesidad del ejercicio del diálogo. Después de una lectura de los diez temas sobre los cuales la Presidenta nunca habla (incluyendo la inflación, su enfermedad, el caso Ciccone, etc., etc), se comenzó a oír un coro con la consigna “Queremos preguntar, queremos preguntar”, hasta que se abrió el telón de fondo e inesperadamente quedó detrás de la figura de Lanata el enorme grupo de periodistas que a modo del gran coro de un teatro lírico entonaba emocionado su consigna de liberación, en una actitud de valentía y desafío. El sentido común, pequeños cerebros de “La Cámpora”, indica que no pueden comprarse tantas voluntades de gente habitualmente tan coherente y lúcida, por lo que el argumento automático colgado de vuestras lenguas no tendrá sentido para la gente pensante como nosotros, que ya estábamos perdiendo las esperanzas. Gracias a Lanata y a esos cien periodistas presentes en el programa del domingo (cien que podrían multiplicarse por miles seguramente), que se animan a seguir pensando y a plantarse frente a un Gobierno de loros parlanchines para hacerles fuck you con sus preguntas, es que, puedo asegurarlo con convicción, aún quedan esperanzas para Argentina.

lunes, 7 de mayo de 2012

"No queremos carnaval..."


Los medios son la obsesión del gobierno kirchnerista. A las claras, su actitud de rechazo explícito y machacante a las corporaciones de medios no son ni más ni menos expresión de su lucha competitiva por hacerse de ellos y dominar así la información que llegue a los ciudadanos. Es una vieja obsesión peronista, peronista de los años cincuenta, el callar a los opositores y para ello perseguir a los críticos, denostarlos, y reemplazarlos por periodistas amigos, voceros de los que pueden dar cuenta “Página 12”, “Tiempo Argentino”, “Crónica TV”, Radio Continental, Canal Encuentro, Canal 7, y dese hace pocos días el paquete de medios C5N, AM710, y 4 emisoras de FM que Hadad vendió forzadamente (según confesó) a Cristóbal López, empresario del petróleo y del juego, creación de los Kirchner. En los cincuenta brilló en la tarea de dominio oficial hegemónico de los medios Raúl Apold, que terminó hartando a todo un país de la propaganda peronista que ocupaba todos los espacios consumiendo el oxígeno que necesitaba el resto de la población no peronista del país que gestó o festejó el derrumbe inevitable. En nuestros días los recursos tecnológicos avanzaron hasta límites insospechados, convirtiendo en obsoletos y burdos los métodos de Apold, pero sin embargo, sus logros deben ser el foco de admiración de más de cuatro funcionarios entre los que sobresale la propia Señora Presidenta. La acción del gobierno kirchnerista, nada planificada sino por el contrario basada en el día a día, variedad argentina de "lo atamo con alambre" o del "se egual", se agita con los golpes de efecto y  la propaganda asfixiante la 24 horas del día. Los discursos de la Presidente, lamentables por lo intelectualmente frágiles y declamatorios, son monólogos a la manera de representaciones teatrales con entradas concedidas a numerosos elementos rigurosamente seleccionados en recintos cerrados, con funciones específicas según sectores, tales como aclamar, entonar cánticos específicos, promover plausos y saltos, etcétera, etecétera. Asisten indefectiblemente los funcionarios de gobierno y legisladores afines, dispuestos a festejar cada ocurrencia (ninguna espontánea), aún las menos logradas de la Señora que suele actuar como verdadera monarca incuestionable, teoría abonada por la prohibición absoluta del acceso de los periodistas no kirchneristas y la de efectuar preguntas a la mandataria. Son infaltables las Abuelas y las Madres de Plaza de Mayo, incondicionales seguidoras. Es habitual las asistencias de los intendentes y gobernadores receptores de los favores del gobierno. Es frecuente la presencia de peronistas históricos del nivel de Dante Gullo que contribuye con su simpatía al éxito permanente de las reuniones. Son habituales las invitaciones a gente del espectáculo que con su impronta popular son utilizados para llevar un poco más de agua a los molinos oficiales, léase León Gieco, Fito Páez, Víctor Heredia, Gustavo Santaolalla, Andrea del Boca, etcétera, etcétera. Y es inevitable la permanente asistencia de “La Cámpora” que domina todos los espacios y constituyen el alma de las citas frecuentes y rimbombantes, transmitidas meticulosamente por la TV oficial y muchas veces por la Cadena a todo el país, mostrando a una Presidenta que trata a todo el mundo como patrona de estancia, tuteando y mofándose, en una expresión deliberada donde se combina su carácter iracundo (como decía Raúl Alfonsín) y la demostración de que “la tienen adentro”: “ A ver vos, Miguel, levantate para que te vean y te conozcan”, “Julio, ¿dónde te metiste?”, “Bueno, che, no te enojes, era una broma” , todas ocurrencias siempre festejadas ruidosamente por la “multitud” que llega a las pantallas de los millones de usuarios del país que siente que se acerca así al poder absoluto y creciente del gobierno. Y la Presidenta deja ver detrás suyo, casualmente, la silueta de Eva del Ministerio de Salud gritando hacia el micrófono, metiendo subliminalmente la idea que quien habla es la transfiguración de la figura venerada. Pero la máxima expresión de la fidelidad y la emoción de las fiestas así convocadas están concentradas en la figura del vicepresidente, el Señor Amado Boudou, siempre exultante, ahora más que nunca al haber salido del atolladero al que los enemigos de siempre lo habían metido sin ninguna razón, acusándolo de corrupción por la participación del salvataje de la empresa ex Ciccone que en estos días justamente ha empezado a imprimir billetes para la circulación en el país, según unos contratos millonarios que quien sabe a quién o a quienes beneficiarán. Y la Presidenta deja caer así porque sí su frase “quiero hacer un último servicio al país…”, y los de “La Cámpora” empiezan a gritar, espontáneamente “No, no”, haciendo recordar a los memoriosos el famoso renunciamiento de Eva sobre la Avenida Nueve de Julio y los descamisados rogándole aceptara el cargo, todo orquestado preparando el campo par lo que se viene de inmediato, que no es como decía Estela de Carloto el tema de las mineras (que de todos modos se van a venir porque es otro negocio del que la Señora Kirchner no querrá privarse), sino el de la reforma de la Constitución que permita la reelección indefinida aprovechando la ola de poder en la que surfea el kirchnerismo. Pero todo ocurre en recintos cerrados, multiplicando imagen y sonido por millones para su difusión a cada rincón donde llega la “Televisión pública” no como antes en la Plaza de Mayo, donde se dirimían las fuerzas de los actores, allí donde podrían concurrir irrefrenablemente las fuerzas del sindicalismo enemigo, o de las izquierdas en crecimiento inquietante desde las bases laborales del ferrocarril o del subterráneo, los representantes de “Barrios de pie” desde la villa 31, los nuevos integrantes de “La Juan Domingo” nuevo movimiento creado en las cercanías de Scioli para enfrentarse a “La Cámpora” que le puso a Mariotto en el medio para estremecer sus sueños presidenciales, y que debió contraatacar con la formación de “La Kirchner”, en una sucesión peligrosa a futuro para la estabilidad política y social del país, de formaciones de apoyo, verdaderos órganos de choque, estimuladas irresponsablemente desde el Estado. Y la Presidenta saca de la galera la estatización de la YPF que ella contribuyó a vaciar, y el tema de Malvinas, a la que Alicia Castro contribuye con una bravuconada ampliamente difundida y distorsionada, y Cristina aprueba una propaganda ofensiva a modo de una mojada de oreja en un barrio de compadritos con un spot filmado en Malvinas declamando “nos entrenamos en tierra argentina”, en una estrategia diplomática de horizontes nada claros.
    Pero la Presidenta  se maneja en el mundo como una cholula que muestra a Obama en una sesión de trabajo una portada del diario Clarín donde Magneto siempre distorsiona todo, y Obama aprueba la visión conspirativa de Clarín y le da un palmada en el hombro y le dice “Cristina, que barbaridad”, y la Señora, en cada acto de esos que son difundidos a cada rincón del país donde llega la “Televisión pública”, que parece que no sólo sirve para ver el mismo partido de fútbol en 3 o  4 canales seguidos a la misma hora, habla despectivamente de los medios de las corporaciones que ella moriría por dominar, dejando caer, a su manera iracunda al decir de Alfonsín “dicen por ahí…pero bueh…”, “después dicen que yo…”, “…porque si no mañana va a aparecer por ahí…”, denotando una profunda preocupación de lo que dicen de ella los medios, quizá por la ansiedad de poseerlos de una vez, tal vez por temor a que sigan deschabando cuestiones que mejor sería ocultar.
    Pero sigue la propaganda día y noche. Y la difusión de la mentira como medio de vida como la venta de 18 cosechadoras a Angola publicitadas por Moreno, Débora Giorgi y la mismísima Presidenta al subirse a una de ellas, máquinas aún no construidas en base a un prototipo ensamblado en Entre Ríos con piezas adquiridas a proveedores que recibieron cheques voladores, y que no pudo completar más que 20 minutos de una prueba en campo. Y sobre llovido mojado para un gobierno que hace de la mentira un culto, Lanata puso al descubierto en la noche del domingo pasado, una estrategia publicitaria en la que están implicados el jefe de gabinete Abal Medina y la Ministra de Seguridad Garré, con la intervención en Twitter para instalar temas de interés para el Gobierno, con personas truchas que no existen según los nombres y direcciones expresadas y que corresponden a extranjeros que no tenían la menor de las noticias sobre la utilización que de ellos se hacía para publicitar al Gobierno.
    La Plaza de Mayo, escenario de gestas históricas ha sido desplazada a los medios por los cuales el gobierno tiene devoción. No puedo dejar de recordar los setenta, cuando irrumpieron por primera vez en esa plaza jóvenes imberbes que primero serían echados por quien, amante de las cuestiones numéricas más que ideológicas, poco antes los había convocado evocando a Mao. Luego empezarían a ser eliminados físicamente por su secretario privado, un ex comisario, brujo de profesión. Y finalmente serían diezmados por una dictadura asesina que basó su accionar en un decreto del gobierno de Isabel Perón sobre el aniquilamiento de la guerrilla. Cuando esos jóvenes abrazaron al peronismo como instrumento al socialismo, se asombraron de la liturgia peronista, y no repararon en gritar una y otra vez “No queremos carnaval. Asamblea popular”. Fue cuando los muchachos de la vieja guardia los empezaron a mirar con desconfianza.